La importancia de ser Peter Parker

Arturo Pérez-Reverte analizaba Río bravo, el western de Howard Hawks, y comentaba que, como todos los clásicos, cambia cada vez que vuelves a él. La primera vez eres Ricky Nelson, más tarde eres John Wayne, Angie Dickinson o hasta Dean Martin… hasta que un día tienes 70 años y te has convertido en Walter Brennan. Tengo una amiga a la que se lo comento en pedante: llega el momento en que vuelves a Los tres mosqueteros y D’Artagnan te parece un niñato y Aramis un intenso, apenas respetas el vitalismo bobo y sinvergüenza de Porthos. Ese día te miras al espejo y resulta que eres Athos.

Yo, por lo que sea, he dejado de ser Peter Parker.

Cuando Stan Lee crea a Spiderman en 1962 está contando un chiste. Es una parodia de Superman en una época en la que en los comics de superhéroes los personajes adolescentes eran una inmersión del lector pero siempre como ayudantes, estilo Robin, nunca los protagonistas. El héroe era aspiracional, alguien a quien se admira, al que se quiere imita. Así que cuando aparece Peter Parker, siempre en problemas, siempre con la sensación de haberse dejado algo en el fuego, el lector se convierte en el personaje principal. Es un giro narcisista, sí, pero al mismo tiempo liberador. Superman era perfecto, pero Spiderman podía ser un héroe y un desastre de ser humano al mismo tiempo.

Por otro lado Lee, el mejor vendedor de coches usados de la historia del tebeo, simplemente mezcla con los superhéroes, que volvían a estar de moda en los 60, los géneros que había estado escribiendo para Atlas, actual Marvel, en los 50. Si Los 4 Fantásticos eran historias de monstruos y ciencia-ficción, Spiderman fue -sigue siendo- un tebeo romántico, con todos los tropos del melodrama, solo que el protagonista es un varón y entre cada enredo y drama vital tiene que atizarle al Doctor Octopus.

Han pasado 60 años y el salto mortal de Parker, una broma que a Stan le salió demasiado bien, es ahora la norma del género de los superhéroes. Se exige a los personajes que sean un reflejo de sus lectores, que sean icónicos y al mismo tiempo diversos, que evolucionen mientras se mantienen estáticos y reconocibles. A la vez, se han trasladado al cine y los videojuegos, con normas diferentes a las de las viñetas, y Peter avanza hacia delante y hacia atrás en el tiempo, en ocasiones adolescentes, otras adulto experimentado.

Ha sido estudiante universitario -de hecho en las historias clásicas apenas pisa el instituto, aunque haya trascendido como la esencia del personaje-, fotógrafo de prensa, doctorando, empresario internacional, soltero de oro, casado, divorciado… Ha perdido a mucha más gente además de a Tío Ben, viendo morir constantemente a figuras paternas mientras Tía May resucita una y otra vez. Insostenible en una sola biografía -hace poco lo demostraban Chip Zdarsky y Mark Bagley en Spiderman: Life Story– pero posible en viñetas gracias al doblepensar del «tiempo Marvel», en el que siempre hace 10 años que se fundaron los 4 Fantásticos.

Así que no llevo la cuenta, pero creo que ya soy más viejo que Peter Parker, aunque él nació un año antes que mi madre. Hemos llegado al punto en el que en las películas me parece más atractiva Tía May que Mary Jane. Pero claro. Marisa Tomei es Marisa Tomei.

Por el camino Marvel ha sabido actualizarlo varias veces. No solo porque al final resultase que había alguien que lo pasaba peor que él, y eran los X-Men o incluso Daredevil. También porque un día llegó Miles Morales y empujó al viejo Spidey de golpe a la edad adulta. Y porque también existe Kamala Khan, Ms. Marvel, la Peter Parker del siglo XXI. El cine manda, como debe ser, pero el guión de Spiderman: Homecoming parece escrito para que el protagonista fuese Miles y que se arrepintieron en el último momento.

Aunque eso me ha regalado uno de los pocos momentos que me quedaban de ser él de nuevo: el Peter B. Parker cansado -tan cansado- de Spiderman: Into de Spider-Verse. Un tipo que está allí para dejar paso a Miles de una puñetera vez y para recordar que aunque lo pierdas todo -a Mary Jane, a May, todo lo te hacía ser quién eras- siempre puedes levantarte. Y todo saldrá bien.

En los primeros 2000, cuando se creaba el universo Ultimate, un «Marvel 2.0» que ha influido más en el salto al cine que los tebeos clásicos, un Peter de instituto hacía de Spiderman novato en un lugar que parecía nuevo. Así que el escritor Joseph Michael Straczynski nos entregó otro intento de un Parker maduro. Separado de Mary Jane, en paro, pero con esa seguridad socarrona del veterano, Peter se convertía en profesor de ciencias en su antiguo instituto, intentando proteger tanto a los empollones como a los abusones. Un héroe de barrio para problemas de barrio, cuyo principal superpoder no es pegarse a las paredes sino ser un buen tío y pensar con la calma de un científico.

En Spiderman: No Way Home la persona que se sienta ahora a mi lado en el cine me dijo que no entré en la película hasta que apareció Andrew Garfield. Pero con el que casi aplaudo es con Tobey Maguire. Le habría dado un abrazo y me lo habría llevado a tomar una cerveza. Con sus dolores de espalda, tan tranquilo ante cada puñetera movida loca que le pasa, hablando de los amigos muertos con aceptación, sabiendo perfectamente por lo que están pasando los otros dos…

Perdonadme, es difícil escribir de superhéroes sin que se ponga personal, y siempre he pensando que es ridículo sentirse especial y sobreexponer circunstancias vitales que son muy similares para muchas personas. Pero con Peter esa es la gracia. Todos somos Peter Parker. Hasta que dejamos de serlo.

Siempre pensé que un día tendría edad para dejar de leer tebeos de superhéroes, pero ese día nunca llega y no sé qué terminará primero, ellos o yo. Pero si ya no soy Peter Parker, si es hora de cosas nuevas, no es culpa de Peter.

Entededme, si lees todas las novelas, acabas enterrando a D’Artagnan. No solo ya no están Tío Ben o Gwen Stacy: Stan Lee ha muerto. Del reparto de Río Bravo solo sigue viva Angie Dickinson, incluso Ricky Nelson acabó muriendo demasiado pronto. Nunca lo había pensado, pero, si el mundo no acaba de forma horrible, es muy posible que Peter me sobreviva. Yo sigo adelante y él se queda congelado, como el Capitán América pero sin dejar de saltar, con Nueva York siendo la que cambia bajo sus pies.

Así que espero no olvidar nunca lo importante que es.

Lo importante que es ser Peter Parker.

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