La ciudad de los hombres sin patria

Foto: Iram Martínez.

El rey Felipe III necesitaba un origen digno para Madrid. Era la capital de la Pax Hispánica, del mayor Imperio cristiano que jamás había conocido el mundo, en la que escribía Cervantes, estrenaba Lope de Vega y se reunían los mejores generales y los más sabios teólogos. Y al mismo tiempo, no era más que un villorio fundado por un emir musulmán como puesto fronterizo y que durante cuatro siglos fue poco más que un cruce de caminos que pillaba al norte de Toledo. Nada, algo ridículo si lo comparas con la solera y los orígenes mitológicos de Londres, París, Roma… o Sevilla o Barcelona.

El fraile Jerónimo de Quintana, en su A la muy antigua, noble y coronada villa de Madrid : historia de su antiguedad, nobleza y grandeza, le compuso un origen mítico a la altura. Ocno Bianor III, nieto del héroe troyano del mismo nombre y fundador de la ciudad de Mantúa en Italia, fue visitado en sueños por el dios Apolo. Le ordenaba partir hacia la tierra donde moría el sol y fundar allí otra ciudad, una en la que debía acoger a un pueblo que carecía de hogar. Ocno acababa encontrando un paraje con siete colinas repletas de pozos y riachuelos, en el que su camino se cruzó con el de los carpetanos, una tribu de pastores nómadas. Tras convertirse en su rey, Bianor fundó una ciudad a la que puso el nombre de la diosa de la naturaleza de estos pastores, Metragirta. A esta deidad los romanos la llamaban Cibeles. El emblema de la ciudad sería la constelación de la Osa Menor, que cuando eran nómadas servía a los carpetanos para orientarse en la noche. Y como hasta ese momento habían sido un pueblo sin hogar, la nombraron la ciudad de los hombres sin patria.

La han llamado también la gran ciudad con alma de pueblo. Más de tres millones y medio de habitantes pero espíritu de barrio. Si naces en Madrid eres gato, y si tus cuatro abuelos son madrileños, eres gato gato, lo más madrileño que se puede aspirar a ser. Pero es imposible. El cantautor más famoso que se ha dejado el hígado por sus bares nació en Jaén. El director de cine que retrató sus calles para dar la bienvenida a la diversidad y la democracia es un manchego. Para ser su más célebre cronista del siglo XIX llegó un señor bajito y con bigote de Gran Canaria. El pintor que retrató el aire en sus calles hablaba con acento de Sevilla.

Un 2 de mayo de 1808 los presos de la Cárcel Real, en lo que ahora es la Plaza de la Provincia, pidieron permiso para salir a ayudar al pueblo a combatir al francés. Se estaba bautizando ese día uno de los barrios con nombre de mujer, Malasaña. El alcaide, por no jugarse el cuello, dio permiso para salir a 56 condenados, lo mejorcito de cada casa. Cargaron contra un cañón francés en la Plaza Mayor, apiolaron al batallón que lo defendía, le dieron la vuelta y bombardearon a la caballería gabacha que llegaba de la Puerta del Sol. Después de desmontarlo se dispersaron por toda la ciudad uniéndose a la juerga cada uno por su cuenta, mientras las abuelas hervían aceite y bautizaban a los húsares y los dragones al pasar bajos sus ventanas y las verduleras aprendían a recargar mosquetes sobre la marcha. A cuatro presos los mataron. De los 52 restantes, 51 regresaron a la cárcel a la mañana siguiente, probablemente no con sus mejores galas. El Rey y su hijo habían huido a Bayona y le habían regalado la corona a Napoleón. Los últimos y de los que nadie esperaba nada tuvieron más palabra que ellos.

La Catedral se acabó tarde y es un parcheo de estilos que parece resumir sin querer la Historia del Arte. El Palacio es Palacio pero allí no vive nadie, ya solo queda el museo, porque a Franco le pareció pasarse ocuparlo y Juan Carlos se dio cuenta de que lejos del centro se vivía más cómodo. En una de sus esquinas, cada noche, se enciende una farola republicana. Y desde la estatua de Felipe IV, que encabrita a su caballo hacia la Ópera, los familiares de los jóvenes muertos en la Guerra de Marruecos le gritaban a Alfonso XIII, El Africano, los nombres de las víctimas de sus ambiciones imperiales. Es donde tenía su Corte Suprema la Inquisición, pero también la capital de La Movida que cada año bate récords en el Orgullo. Es la ciudad que no puedes definir.

Un 18 de julio de 1936 los enemigos de la libertad creyeron que podrían domesticarla y se encontraron con una carga de anarquistas, guardias de asalto y vecinos desarrapados contra el Cuartel de la Montaña. Franco la bombardearía durante tres largos años, arrasaría sus monumentos, exiliaría El Prado y la heriría en su orgullo, pero al fin nunca la conquistaría. En el acero de Madrid se forjarían los rebeldes. Se rindió sola cuando los republicanos pelearon entre sí y luego el Dictador quiso sepultarla bajo mediocridad, beatearía y merendolas de chocolate con soconusco. Pero en sus cafés y sus facultades, pese al tiempo de silencio, laterían historias de escaleras y de rebeldía.

Una casa de papel la ha convertido en icono mundial y tiene que competir con tres equipos de fútbol que cada uno, a su manera, encarnan formas de ver la vida. Pero eso es la superficie. Debajo están las librerías de viejo, los últimos bares con olor a fritanga de Lavapiés, la Nebraska de Tetuán resistiendo como Astérix al invasor, las casas okupas, las vecinas que nunca dejaremos que se marchen y hasta las cuentas en redes sociales que defienden al comercio tradicional. De Madrid es quien vive en sus calles y se llena los pulmones con sus olores, aunque a veces sean los del humo de los ineptos.

Es tenerlo todo y no tener nada porque, como nadie es de Madrid, todos podemos serlo. Una cuarentena no es nada. Un virus es una anécdota. La hirió Napoleón, la intentó humillar Franco, la quieren desmantelar la locura de un mundo de mercaderes y los carroñeros de las viviendas. Pero aunque algunos, de tanto amarla, la quieran quemar, Madrid es ignífuga. La odian los que no la conocen y la echamos de menos los exiliados de vocación. Es el pueblo que nunca quiso ser gran ciudad. Es la casa de todos.

Es la ciudad de los hombres sin patria.

3 Comments

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  1. Muy buen articulo, me ha gustado mucho.

    Fdo: un gato

  2. Untiobesuconazo 2 abril, 2020 — 6:12 pm

    Cuánto sabes, papi José

  3. No te hacía yo tan rojo, jejejeje. Un artículo magnífico y te lo digo con sinceridad.

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