Torres Hurtado es una actitud

Torres Hurtado no es ni un alcalde, ni un corrupto, ni un caso mediático. Torres Hurtado y todas las circunstancias en torno a su detención y dimisión son una actitud ante la vida y una forma de tratar la gestión de la cosa pública. Y eso es algo que no cambia sustituyéndolo ni por Sebastián Pérez, cuya cabeza se ha cobrado al caer, ni por Juan García Montero o cualquier otro. Pero tampoco necesariamente por una alianza del resto que, básicamente, sería un gobierno entre PSOE y Ciudadanos. Por orden expresa de sus direcciones nacionales, por cierto, a las que les viene muy bien para la precampaña.

Cohecho, fraude en la contratación, asociación ilícita, prevaricación, tráfico de influencias, malversación de caudales públicos, estafa, falsedad en documento mercantil, administración desleal y contra la ordenación del territorio. No importa si son los casos que han desembocado en la actual investigación de la UDEF o los ya conocidos del Serrallo o el Palacio de Hielo –que parece que salpican también esta nueva operación–. Incluso afecta a operaciones no judicializadas pero sí denunciadas políticamente, como la venta del céntrico solar de la gasolinera de Recogidas.

Básicamente, se vende patrimonio público por menos de su valor a un grupo de empresarios, siempre el mismo aunque en diferentes combinaciones, se recalifica y, a tenor de los cargos que probablemente se imputen, se reparten los beneficios. Al fin y al cabo, las residencias del alcalde y la edil de Urbanismo, en la calle Obispo Hurtado, parecen estar en el punto de mira. Algo que las informaciones publicadas califican como ‘trama’, es decir, una forma de trabajar organizada a tal fin dentro de las oficinas de Urbanismo. Ese es el nivel: organizarse para saquear los bienes del municipio como si fuese un cortijo. Como la Gürtel o los EREs, pero a pequeña escala.

Las consecuencias judiciales tienen su vía, las políticas, por el milagro de la probable repetición de elecciones, ya han llegado. Curiosamente, costándole la cabeza a un edil no investigado, Sebastián Pérez,  el cual afirma sacrificarse por el partido, dejando la incógnita de cuál es su razón oficial para dimitir. La oficiosa es que su cabeza era el precio que pedía Torres por marcharse él sin tirar de la manta, claro, tras una presunta reunión de urgencia en Marbella el pasado fin de semana con la mismísima María Dolores de Cospedal. Pero, ¿hasta qué punto puede estar implicado Pérez en esa ‘trama’, como segundo de Torres desde 2003? ¿Repetirá como candidato al Senado a pesar de deducirse de lo ocurrido que la dirección nacional lo considera prescindible, e incluso manchado?

Y, dejando aparte quinielas sucesorias internas del PP entre dirigentes más o menos afines a los dimisionarios y que casi son intercambiables para cualquiera fuera de la ciudad, ¿es la oposición la solución? Lo mediático de la detención ha situado a Granada en los titulares nacionales y las direcciones propias de PSOE y C’s quieren usarlo, aunque, aparentemente, para atacar a Podemos.

Ambos partidos parecen estar haciendo campaña contra un gobierno de Podemos. Utilizando al PP como excusa, cierto, pero culpando de todos los males que este cause al partido nuevo que realmente les da pánico. El PSOE resulta especialmente virulento, casi enrabietado por comprobar que los podemitas no pretenden ser una muleta complaciente al estilo tradicional de IU. Particularmente ridícula para ambas partes es la nueva relación del PSOE local con Luis Salvador, que se aferra a su acta de concejal ante la posible pérdida de la de diputado, que es la que le interesa, ya que hace apenas un año se odiaban sin medida.

Podemos, por otra parte, se limita a raspar algún titular sin mojarse mucho, ya que el plan con las marcas municipales era poder apuntarse los triunfos si los hubiere pero también poder despegarse de los tropiezos. Muchos concejales de Podemos quedan abandonados a su suerte si su labor es de ingrata oposición o poco mediática, porque a los líderes de Madrid lo que les interesa es Madrid, los de provincias que no molesten.

Así pues, ¿pueden estos tres, más Izquierda Unida –curiosamente el partido que más ha trabajado por destapar los manejos urbanísticos de Torres Hurtado, pero el que puede resultar más irrelevante para ponerles fin–, realmente cambiar la forma de hacer las cosas en Granada? Porque cambiar colores y caras no sirve para nada si simplemente los asesores con mando en plaza pero sin preparación pasan a ser otros. No vale para nada pasar de Operación Zarzuela a Operación Bar de Eric si siguen siendo sólo fotos y brindis al sol.

Cambiar las cosas empieza por admitir que el Ayuntamiento está quebrado e intervenido por Hacienda, pero también no dedicarse a buscar que pancarta agarrar sin hacer pedagogía sobre los problemas, con un PSOE que da la impresión que le da lo mismo el AVE soterrado o los desbordes del Genil, el tema es salir en alguna foto y proponer lo contario de lo que diga el PP para no parecer el mismo partido.

Cambiar las cosas es que se acaben los enchufados o la gente sin preparación que vive sólo de la política, algo de lo que PSOE e IU saben mucho a su paso por la Junta de Andalucía. Igual pueden presumir de que en su bancada no se juzga a nadie por su sexualidad o por cómo viste –igual no–, pero tampoco vamos a dar como mérito cumplir con el mínimo exigible en una organización política normal. Que el PP o Cs no lleguen a ese mínimo no hace buenos a PSOE, IU o Vamos.

Cambiar las cosas no es pedir lealtad acrítica sino ganársela con hechos. Cambiar las cosas es dejar los brindis al sol y hacer propuestas concretas en lugar de estupideces que buscan el titular fácil.

Ya de paso, cambiar las cosas sería dejar de usar los medios como correa de transmisión… y que estos no se dejasen usar. Las dos crónicas más incisivas contra la sombra del finado Sebastián Pérez en este circo han llegado de El Confidencial e InfoLibre. Dos medios no tienen colaboradores en Granada, lo han escrito desde Sevilla o Málaga. Tomar partido en una pelea interna del PP sin mencionarlo y disfrazarlo de sentido crítico no es periodismo. Ir a las ruedas de prensa con el carnet del PSOE en la cartera, tampoco.

En fin, en menos de un mes se sabrá si el gobierno tiene un color u otro. Que eso tenga que ver con que cambien los métodos, las formas y la ética es otra cosa.

Y sigo hablando de Granada todo el rato, por cierto.

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