Mata a tu padre

Mata a tu padre. Mata a Han Solo. Mata a Luke Skywalker. Mata al Capitán Kirk. Mata a Lobezno, mata a Batman, mata a Terminator y luego muérete tú.

En La Última Tentación de Cristo, de Martin Scorcese, el Jesús en duda de su propia divinidad que interpreta Willem Dafoe se adentra en el desierto tras ser bautizado por Juan el Bautista. Traza un círculo en la arena e informa a Jehová de que tendrá que hablarle claramente y con palabras humanas, y que no se moverá del círculo mientras eso no suceda. Está dispuesto a morir de hambre si hace falta.

Las tres tentaciones de Cristo son representadas por una serpiente, un león y una llamarada. La serpiente, por supuesto, es Magdalena. “¿No reconoces mis pechos, Jesús? Deséalo y estaremos en mi cama. Juntos”. El león le ofrece el dominio sobre todos los países de la Tierra. Es la tentación en la que Jesús menos duda. Le espeta: “¡Mentiroso! ¡Entra en el círculo, para que pueda arrancarte la lengua!’”. Después del turno de la llamarada, el mismo Satán que pide ser adorado, será cuando aparezca el espectro de Juan Bautista y le entregue un hacha. Combate el pecado allá donde se encuentre, Jesús.

Mata a Bruce Willis. Mata a Tarantino.

Blade Runner 2049 es el anti-Matrix. Matrix era la paja definitiva, la fantasía narcisista que acabará todas las fantasías narcisistas. Eres Neo, el elegido. El mundo es una conspiración en tu contra y solo tú te das cuenta. Ya sabes kárate sin tener que entrenar. La chica te ama no porque te lo ganes sino porque lo dice la profecía. Luego échale filosofía encima, pero eso es Matrix, la primera, la buena, la que todos ven.

Blade Runner 2049 es el anti-Matrix. Porque no eres nada. No eres especial. Ya vives manipulado, el mundo entero es una trampa, una trampa venenosa que se muere. La única forma que tienes de redimirte es sacrificarte por un bien mayor, ahogar tu ego, aceptar el padre que tienes y no el que quieres y renunciar a tu narcisismo infantil. No eres nada.

Mata a Deckard. Mata a Neo. Muérete tú.

Sí, Blade Runner 2049 no es precisamente una película feminista, los personajes femeninos son estereotipados o solo sirven para que el protagonista masculino se desarrolle. Lo intenta, pero no llega, aunque esa fantasía machuna que tanto os choca, la puta y la novia etérea fusionándose, está hecha a propósito. Es un mensaje entre nosotros, es una conversación entre nosotros.

Bueno, o quizás no.

Menos grupos de hombres feminizados y más Club de la Lucha.

Mata a Tyler Durden. Mata a tu padre.

En La Casa de Papel, primera temporada, Berlín es lo más parecido a un villano. Muere sin redención. Él mismo se condena. “¿No habíamos quedado en que yo era un machista? Pues las tías y los maricones primero”. Berlín muere porque tiene que morir.

Así que ahora muérete.

Muérete tú.

Hay un libro de Frederic Tuten, Tintin en el nuevo mundo. Un crossover imposible entre Tintín, Milú y el Capitán Haddock con los personajes de La montaña mágica de Thomas Mann. Mynheer Peeperkorn, Madame Chauchat, Settembrini, Naphta… excepto Hans Castorp, cuyo papel adopta Tintín, y el primo Joachim, del que Haddock será una versión igual de barbada, noble y guerrera pero notablemente más vieja y alcohólica. Así que el reportero belga se convierte en el árbitro y la pelota de los filósofos y se enamora de Clawdia Chauchat.

Entre medias Haddock está en modo borracho melancólico, acordándose de sus años mozos. Tintín lamenta no poder hacer lo mismo al ser más joven y no tener tantos recuerdos. Así que Haddock le ilustra la cuestión con la frase más cipotuda de la Historia de la Humanidad: “Si aprendes a beber y a amar a las mujeres, Tintín, tú también tendrás recuerdos cuando seas mayor”.

Mata al Capitán Haddock. Mata a Hans Castorp. Mata a Tintín. Mata a Mynheer Peeperkorn. Y, por supuesto, muérete tú de una vez por todas.

La muerte de Luke Skywalker en The Last Jedi cierra su camino a la sabiduría, no como un guerrero sino como un monje y un maestro. Nunca ha estado más en contacto con la Fuerza que en ese momento porque renuncia al ego, al miedo y al fracaso. Se sacrifica cuando diluye el yo para integrarlo en algo más grande, en un arco similar a los de Poe Dameron o Finn.

Mata a Luke Skywalker. Muérete tú.

Star Trek: Discovery. Por primera vez la serie no pivota alrededor de su capitán sino de Michael Burnham, oficial científica caída en desgracia, cuyos errores llevaran a la muerte de miles de personas. Su antagonista, el Capitán Gabriel Lorca –sí, por ese y por ese otro, sí– es el reverso de todos los capitanes que has conocido y al mismo tiempo su sucesor natural: es un exiliado del Universo Espejo, donde la Federación de Planetas del universo Trek, en la que no existe el dinero y se integra a todas las especies inteligentes y pacíficas, es sustituida por el fascista Imperio Terrano.

Es una historia de gemelos malvados, y Burnham define muy bien a su reverso racista y trumpiano: “He intentado entenderlos mejor, y la fuerza de los terranos emana de la pura necesidad, porque viven con un miedo constante, siempre atentos a quien les dará la próxima puñalada. Su fuerza es solo un barniz, una fachada”.

Mata al Capitán Kirk. Mata al Capitán Lorca. Mata incluso a Picard y a Sisko. Desde luego, mata a Riker. Y hasta a la capitana Janeway si es necesario.

Mad Max está muerto. Lobezno está muerto.

Ya no podemos más, es demasiado, hemos caducado, nos estamos muriendo.

Así que remátanos. Y luego muérete tú.

Y si no, entra en el círculo, para que pueda arrancarte la lengua.

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