Los cuentos que necesitamos oír

Ana de Haro (Sevilla, 1985) estudió Periodismo en la Facultad de Comunicación de Sevilla con alguien que igual les suena de algo a los lectores de este blog. No haya escándalo, aquí las entrevistas siempre han quedado en familia. Es periodista, técnico de comunicación y escritora, y, con su primera novela La hija de Barbazul, ganadora del VIII Premio Ciudad de Almería. Producto de una obsesión temprana con la lectura desde la niñez, La hija de Barbazul es una reescritura en clave realista y con enfoque feminista –que ya hay que tener ganas– de los arquetipos de los cuentos clásicos. Con toda su crueldad, pero también con su invitación a romper las reglas para poder madurar y, ser, por ello, mejores.

JOSE: Oye, ¿has leído Fábulas por fin? ¿O visto Érase una vez o el otro derivado del que nunca recuerdo el nombre?

ANA: ¡No! Aún no he leído Fábulas, que me interesa mucho, ni he visto un solo episodio de Érase una vez, ni de Grimm. Es curioso… He seguido las reescrituras, retellings y reboots que se han hecho en cine y algunas literarias, pero nada audiovisual. Precisamente, Érase una vez comenzó a emitirse más o menos en la época en la que yo estaba escribiendo La hija de Barbazul, que entonces se llamaba todavía La piel moteada, y no ver la serie, que me interesaba, fue una decisión consciente. Quería que el proceso de reescritura de mi novela fuera más o menos limpio, sin otras influencias que las que ya acarreaba y mi propia imaginación. Pero habría que preguntarse por qué están tan de moda las reescrituras, por qué aparecen tan pocos discursos verdaderamente originales en la ficción contemporánea.

J: ¿Defines La hija de Barbazul como feminista? Todos los personajes principales son femeninos, aunque quitando a la protagonista tienden a encarnar arquetipos muy cerrados. Las masculinidades, aunque la del padre sobrevuela toda la obra, las veo un poco paródicas, de tan extremas -de hecho la hipermasculinidad del “lobo” se señala como negativa-.

A: Es una novela que nace con una intención feminista, aunque el contenido y comportamiento de los personajes pueda no serlo siempre. Cuando estaba documentándome para la novela leí que la reescritura puede emprenderse con el objetivo de proponer un nuevo discurso, o de evidenciar uno ya asentado que permanezca más o menos oculto. Mi intención era sobre todo esta última: mostrar los arquetipos femeninos en los cuentos y cómo las lecciones de vida que se desprenden de ellos son muy limitadas para las niñas, para los personajes femeninos en general. Los personajes femeninos en los cuentos clásicos, en sus versiones escritas canónicas (Perrault, los Grimm, Andersen) son muy pasivos. Sufren las consecuencias de los actos de otros. Eso sucede también en La hija de Barbazul, pero también hay una responsabilidad sobre los actos propios. Me gustaría pensar que la protagonista, Karen, que empieza siendo muy similar a estos personajes, vive un proceso de empoderamiento.

En cuanto a las masculinidades, es cierto que también responden a arquetipos más o menos limitados: Barbazul, el lobo, el soldadito valiente… Son arquetipos que intento adaptar y actualizar, pero, para ser reconocibles, mantienen una serie de rasgos que pueden ser, como tú dices, un poco extremos.

J: ¿Dirías que en los últimos años ha habido un regreso al cuento -la novela lleva escrita un tiempo- en el que se incluye tu libro, con cosas como aquella peli horrible de Hansel&Gretel cazadores de monstruos y las películas de Thor Leñador, o en realidad nunca se van del todo?

(Y en cualquier caso: ¿por qué?)

A: Los cuentos nunca se van del todo. Forman parte del inconsciente colectivo, los tenemos tan asumidos que los conocemos aunque no los conozcamos (es algo que pasa, por ejemplo, en La hija de Barbazul: aunque no reconozcas el personaje de cuento concreto al que cada personaje se refiere, reconoces la estructura, hay algo que resuena). De hecho, lo que yo llamo las versiones canónicas (como te decía las de Grimm, Andersen, Perrault, Villeneuve, Basile, etc.) tampoco son originales. Recogen historias que llevan dando vueltas entre nosotros desde hace mucho tiempo. Yo me baso en el Barbazul de Perrault, por ejemplo, pero hay historias muy parecidas a aquélla en las 1001 noches….

En cualquier caso, sí creo que ha habido un regreso a discursos ya conocidos. ¿Quizás porque tienen un éxito probado? ¿Recuperamos discursos porque ya sabemos que funcionan? Podría ser una cuestión de marketing. O a lo mejor es que vuelven a nosotros cíclicamente. En mi caso, lo que me motivó fue, en primer lugar, que me fascina una reescritura bien hecha (a veces las más sutiles. Por ejemplo, interpretar Match Point como una revisión de Crimen y Castigo). Y, segundo, que ninguna de las que conocía enfocadas en los cuentos se centraba en esos dos aspectos que yo quería resaltar: el rol de las mujeres y, sobre todo, las escenas más violentas, cruentas y terroríficas de los cuentos.

Por cierto, sí que fue horrible esa versión de Hansel y Gretel. Mal escrita, mal interpretada… Pero un elemento me gustó: en esa versión, como consecuencia de su estancia en casa de la bruja, Hansel había desarrollado diabetes. Es un ejemplo regular llevado de lo que yo buscaba: mostrar el horror en los cuentos, su actualización y que, en definitiva, los hechos traumáticos tienen consecuencias.

J: ¿Crees que la versión de imagen real de La Bella y la Bestia es más feminista que la de los 90? ¿Y más fiel al cuento original? ¿De verdad son posibles las dos cosas, o rescatar una historia que mal llevada es apología del maltrato? (¿O esto es un extremo?)

A: A ver… En realidad, ‘La bella y la bestia’ no es de los peores cuentos, ni mucho menos. En las dos primeras versiones, la de Villeneuve y la de Beaumont, la bestia no es un príncipe castigado por su mal comportamiento (es un príncipe bondadoso que no se deja seducir por un hada malvada y ésta le convierte en bestia). En ese sentido, la versión de Disney de los 90 es bastante fiel a los principales elementos del cuento, salvo que omite a las hermanas malvadas de Bella y convierte a la bestia en un personaje más interesante que, al menos, evoluciona. La nueva versión de imagen real es básicamente la de Disney con actores de carne y hueso, y añade nuevos trasfondos para Bella y la bestia. Lo que sí es cierto es que en absolutamente todas las versiones la bestia retiene a Bella en el castillo, pero la versión de Disney es más extrema que los cuentos (esto no sucede casi nunca) en ese sentido.

Por todo esto, no creo que “La bella y la bestia” sea exactamente una apología del maltrato… Sí es un discurso que hoy en día sería completamente inaceptable… si no fuera porque se sigue escribiendo constantemente. Mira, si no, los comportamientos completamente obsesivos, codependientes y controladores de los personajes de la saga Crepúsculo. No hablemos del fenómeno de  50 sombras de Grey (eso sí es una apología del maltrato, sobre todo psicológico). Y recientemente me enfadé mucho con una película de ciencia ficción, Passengers, que basa su discurso pretendidamente romántico en un tremendo abuso del protagonista hacia la protagonista… La bella y la bestia no es nada en comparación con todo esto.

Pero me preguntabas si la versión nueva es más feminista que las anteriores… Creo que lo intenta. Al menos se plantea un par de cuestiones que no se habían mencionado antes: ¿puede ser feliz alguien que es retenido contra su voluntad? ¿Qué pasa con las madres ausentes, un elemento clásico de los cuentos, dónde están? Se intenta hacer a Bella una heroína más independiente porque, ahem, inventa la lavadora… Pero no chirría. No es molesto. No provoca la incomodidad moral de las otras obras que te he mencionado. Bella ya era más avanzada que sus compañeras princesas Disney. No tanto como Mulán, como Mérida o como Moana, pero ahí estaba.

J: ¿Disney domestica la ficción? ¿Cómo interpretas esta escalada de adaptar todo a imagen real? ¿Veremos Aladdín con actores de carne y hueso? ¿Para qué? ¿Por nostalgia? ¿Hasta qué punto nos convierte en lectores irresponsables aferrarnos a ella?

A: Disney suaviza unos aspectos y es muy crudo a la hora de mostrar sus influencias socioculturales en otros (los estereotipos raciales son tremendos). Sí, sin duda veremos Aladdin con actores de carne y hueso. Es cuestión de tiempo. Ya hemos visto La bella y la bestia, Cenicienta, La bella durmiente (Maléfica, qué oportunidad desperdiciada; y eso que representa lo más parecido a una violación en una peli de Disney que he visto) y El libro de la selva (que me encantó, por cierto). Y se están preparando Mulan y El rey león. ¿Para qué? Creo que es lo que te comentaba antes. Son inversiones seguras, el éxito está garantizado. Sí hay un elemento de nostalgia: son versiones “para los nuevos públicos infantiles”, para quienes suponemos que las versiones originales de dibujos no son suficientes o son poco modernas (algunos de los estereotipos raciales de El libro de la selva de dibujos cantan bastante hoy en día, por ejemplo). Pero son los padres criados con esas películas originales los que llevan a sus hijos a verlas, son ellos los que realmente disfrutan el proceso de la reescritura y captan las referencias a las versiones originales.

¿Nos convierte la nostalgia en lectores irresponsables? Es posible… Creo que uno puede consumir estos discursos y disfrutarlos, pero es importante saber qué estamos viendo. En mi caso, estaba deseando ver la versión de imagen real de La bella y la bestia, porque es mi película favorita de Disney, pero soy consciente de que si no aporta nada nuevo es innecesaria. Afortunadamente, hay aportaciones. Lo mismo sucede con El libro de la selva. Además de ser visualmente espectacular, enfatiza en el argumento lo más interesante de Kipling:  la problemática de Mowgli como un outsider, cuyas características más humanas (en esta versión, la creatividad y el uso de artefactos; y el fuego, claro, como siempre) ponen nerviosos a los animales. En fin, hay algo de irresponsabilidad en la nostalgia, pero tampoco soy partidaria de eliminar el puro disfrute de la ecuación.

J: La nostalgia -incluso en su versión saudade, la de cosas que nunca han pasado- está muy presente en La hija de Barbazul. ¿Es la base del cuento? ¿Recuperar no tanto la historia en sí, sino la sensación y los sentimientos a los que se asocia?

A: La nostalgia es la base de todas las reescrituras, no sólo las de los cuentos… En mi caso no buscaba tanto recuperar las sensaciones originales que provocan como unas muy concretas, las asociadas al miedo, a lo cruento, un elemento más o menos obviado en algunas versiones actuales.

J: La reformulación de la retórica Disney hacia el feminismo es muy evidente, como en la mencionada Maléfica, Frozen o Brave. Producidas por antiguos consumidores de los cuentos “heteropatriarcales” originales… como tú misma con La hija de Barbazul. ¿Los cuentos cambian porque la sociedad cambia o al revés?

A: Creo que poco a poco construimos los cuentos que necesitamos oír, o leer. Supongo que es un proceso que se retroalimenta, pero me inclino más por la primera opción. Es lo que mencionaba de los discursos clásicos que no resistirían una segunda lectura si se hicieran hoy, como los estereotipos raciales de Disney.

En cuanto a Maléfica, digo que fue una oportunidad desperdiciada porque empieza siendo original y acaba siendo convencional. Es una película interesante pero no se atreve a seguir adelante con su premisa. Aunque al final Aurora y Maléfica se unan contra la tiranía heteropatriarcal de Stefan, y el beso de amor verdadero sea fraternal, o maternal, como en Frozen. Pero podría haber sido mucho más interesante

J: ¿El cuento puede ser político? ¿Debe? ¿Lo es siempre? ¿No lo es nunca?

A: Me viene a la cabeza un libro que me regaló mi padre cuando tenía once o doce años: Cuentos infantiles políticamente correctos, de James Finn Garner, que reescribía algunos cuentos muy conocidos (me vienen a la cabeza Blancanieves y El patito feo) pero eliminando todo lo que pudiera ser políticamente incorrecto tanto en el contenido como en el lenguaje. Resultaba muy cómico, (el enano saltarín era algo así como “el hombre de altura inferior a la media socialmente establecida”), y llamaba la atención sobre los aspectos más problemáticos de los cuentos, pero sólo funciona como parodia. El objetivo de La hija de Barbazul es que funcione como un argumento independiente, aunque se base en la reescritura.

Todo discurso es político en tanto que muestra de alguna manera el universo social en el que es creado… Lo que no es necesariamente político es la lectura que hacemos. Por ejemplo, podemos leer estos cuentos que yo he manejado (La bella durmiente, Los zapatos rojos, Blancanieves, Rapunzel, Caperucita Roja, Barbazul, La sirenita) pasando por alto la imagen de sometimiento y victimización que dan de las mujeres, o podemos hacernos conscientes de ella. Yo elijo la consciencia. No se trata de que dejemos de contar los cuentos, como me han comentado en alguna ocasión, pero sí de saber lo que estamos contando, y proporcionar modelos y discursos alternativos.

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