David Aliaga, Hielo

David Aliaga es un tipo que sin llegar a los 30 años ni ser futbolista ya tiene entrada en Wikipedia, aunque no está claro si se la hizo él mismo. Estudió Periodismo, pero es editor, escritor y crítico literario. Nos conocemos desde hace más de 10 años gracias a MarvelTopia, un portal de fanfictions sobre los comics Marvel. Es largo de explicar. Lo entrevisto porque llevo tiempo queriendo ayudarlo a promocionar su novela, Hielo, que edita Paralelo Sur (sí, la última editorial que me ha publicado un relato, todo queda en familia) y ningún medio me lo compra, así que surto de contenido a este blog. No es mal tío, para ser del Barça, aunque a veces se cuela haciéndome chistes con que hablo como Los Morancos:

Jose: Oye, esto de que te entreviste porque ningún medio me compra que hable de tu libro, ¿cómo lo llevas?

David: La situación señala algunos de los defectos que lastran el panorama cultural de este país. Tú eres un periodista joven, a menudo incómodo para los políticos de tu entorno, aunque de la forma en que pueda serlo una mosca durante un picnic. Yo soy un escritor que apenas debe de tener cuatrocientos lectores. Ni a ti te creen en la redacción cuando les dices que tienes a un autor desconocido que vale la pena, ni a mí me hacen caso cuando me paseo por las redacciones agitando el libro y diciendo que no está tan mal. Así que buscamos canales alternativos. Y me parece bien que tengamos que demostrar el valor de nuestro trabajo empezando en tribunas de escasa difusión, el problema es que muy poca gente se toma la molestia de evaluarlo. Por suerte, incluso en los medios más potentes, quedan artesanos del periodismo cultural, tipos comprometidos como Milo Krmpotic’ o Matías Néspolo que son capaces de concederle espacio en Qué leer o El Mundo a una novela de un autor joven publicada en una editorial independiente. Probablemente porque también cuando ellos eran jóvenes y rebeldes encontraron alguien que les dio una oportunidad. Aunque entiendo que sobran mamarrachos en la literatura, también entiendo que falta un poco más de generosidad sincera.

Jose: En realidad, por lo que veo, te está reseñando mucha gente. Otra cosa es que llegue a peña que se mueva fuera de círculos literarios. A ese público en general que se supone que nos dirigimos todos en lo nuestro pero que es un ente al que no intentamos entender. Que nos da hasta un poco de coraje. Y mira que con lo poco especializado que estoy, me convienen. Tampoco creo que tú y yo seamos representativos de la situación cultural de este país (hay quien piensa que ni siquiera vivimos en el mismo país, por cierto). Y en tu caso particular, que tengas tantas reseñas demuestra que en tu mundillo eres conocido y, en cierta medida, apreciado. Mundillo que me es completamente ajeno, y eso que a veces me presentas como periodista cultural (cosa que me hace mucha gracia). Pero me refiero a que, por trabajar donde trabajas, tienes una serie de contactos que hacen más fácil que una obra tuya tenga difusión, prácticamente por inercia. También, me imagino, porque así somos los humanos, que haya gente con ganas de destriparla inmisericordemente.

David: No sé hasta que punto no somos representativos. Quiero decir, en el sector editorial hay muchos más autores con un perfil y una situación parecida a la mía que a la de Arturo Pérez-Reverte. Aunque como señalas, mi caso tiene “trampa” porque tuve la suerte de estar trabajando en una editorial independiente cuando quise empezar a publicar, así que fue más sencillo de lo que suele ser. Pero conseguir publicar es sólo un paso, que no tiene que tener como consecuencia, que te lean. De eso depende, en cierta medida, la calidad del texto, pero sobre todo, de la potencia de la editorial y su distribuidora, de los libreros, de los medios de comunicación… De hecho, todos estos elementos van antes que la calidad de tu obra a la hora de conseguir lectores. Si la distribuidora no cree que tu libro puede colocarse bien, si al librero no le entra por los ojos, si los medios no te dan cancha, estás muerto. La calidad se volverá útil y decisiva una vez haya funcionado ese engranaje y tu libro haya llegado a manos de una persona. En el almacén, tanto da si el libro es excepcional o una porquería.

Lo que sí vengo notando es que, aunque las distribuidoras no están muy por la labor, cada vez más los libreros independientes y algunos periodistas intentan prestar atención a la literatura que se publica fuera de los grandes cauces. Es de agradecer.

J: Aquí pega mencionar a Librería Praga y Ubú Libros, que son las dos librerías en Granada donde se puede comprar Hielo. Pero, aparte, en serio. ¿Uno se pone a publicar novelas porque pretende vivir de ello?

D: No pretender vivir de lo que a uno más le gusta es estar derrotado. Es complicado conseguirlo, pero me parece una aspiración saludable y legítima, siempre que mientras tratas de conseguirlo no acabes sepultado por la frustración.

J: Aparte, tú estudiaste periodismo, ¿y esa pasión por la edición? ¿No serás uno de esos que en realidad quería ser escritor pero eso no se estudia y como Filología tenía pinta de ser complicado, pues…?

D: Estudié periodismo porque me ofrecía la posibilidad de cambiar el mundo a través de la escritura. Suena pomposo y pedante, y es cierto que siempre he sido un pretencioso con los objetivos que me marcaba, pero más que de vanidad, en mi idea predominaba el idealismo y también un grado elevado de autoexigencia. Pensaba que podía sumar mi voz a otras que ya estaban denunciando injusticias y que, aunque no fuese mejor, sí sería un quijote mileurista más dedicándose a desfacer entuertos. Trabajé en algunos medios de comunicación locales como perrito faldero de alcaldesas y regidores, en algunas cabeceras tan pintorescas como ‘Manutención y almacenaje, revista de logística’…, y cuando estaba a punto de matricularme en Física y tirar las letras por la ventana, me ofrecieron un puesto de maquetador en Editorial Base. Lo acepté porque pensé que me acercaría a la ambición de desarrollar una carrera como autor de ficción, pero una vez en la empresa, pude aprender el oficio y me enamoré. Desde la edición también se puede cambiar el mundo, puedes descubrir y ofrecer un libro que cambie un poquito la vida de alguien, como a ti te marcaron otras obras.

J: Me ha hecho gracia lo de mileurista. Otro día hablamos de lo que cobran, de media, los periodistas en ejercicio de nuestra edad. Y los que van llegando por detrás. Pero me llama la atención lo de cambiar el mundo, porque personalmente he automatizado tanto escribir que no sé si me planteo la finalidad última, a ese nivel filosófico, de lo que publico. A veces ni siquiera pienso en que tenga que leerlo alguien más aparte del redactor jefe que me “compra” el tema de turno y las fuentes que puedan dejarme con el culo al aire. Por otro lado, tengo un amigo que te caería bien y es un fan acérrimo de Transmetropolitan, de Warren Ellis y Darick Robertson. Tiene a Spider Jerusalem como ejemplo de lo que debe ser la profesión. Lo cierto es que Spider es un idealista, y como además vive en la ficción, al final gana. Pero mi amigo ha interiorizado la que -supuestamente- es la cínica motivación de Spider: “hacer que a ese hijo de puta se le atragante el café”. Es como el chiste de Mafalda en el que su amiga Libertad le dice: “Un mosquito no puede parar una locomotora, pero puede llenar de ronchas al maquinista”.

Pero me pierdo. ¿Por qué Física? ¿De verdad crees que suena más práctico que Periodismo? Estás flipado. Por cierto, conociendo nuestros gustos lectores en común, me extraña no haberte leído nunca nada de ciencia-ficción.

D: Un periodista que pretenda ser Spider Jerusalem o es un idealista con alguna tara mental o un poser. Claro que tal vez al periodismo contemporáneo le vendrían bien un par de idealistas con problemas psicológicos y escaso apego al poder que trabajasen con la firme voluntad de que a Rajoy y sus compadres se les indigestase el desayuno. Yo lo intenté con Joan Rosell, el de la patronal, en una rueda de prensa cuando estaba de becario en una revista de logística y él aspiraba a ser presidente de la CEOE. La situación fue esperpéntica.

Pero hablemos de lo que verdaderamente importa: ciencia ficción. Philip K. Dick está en mi lista de diez escritores preferidos. SIVAINVI o ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? me encantan. También he leído bastante a Asimov, Bradbury, Lem, Ballard… Supongo que tarde o temprano escribiré algún texto en el que aparezca un androide o alguien dispare una pistola de rayos. Si te soy sincero, ya tengo algo en mente, pero no sé cuándo podré sentarme a escribirlo.

J: Pero, oye, leyendo esto… ¿tú has estado en Islandia alguna vez? ¿De dónde viene ese interés?

D: El interés por lo escandinavo empieza en mi adolescencia. En el bachillerato mi trabajo de investigación estudiaba el grado de rigor con el que la música viking metal reproducía elementos de la cultura nórdica medieval y de su mitología (sorprendentemente, la comunidad de centros de estudios jesuitas de Cataluña lo premió como el mejor trabajo de humanidades de ese año); entonces yo cantaba en un grupo de viking metal y me dio por estudiar el género, que es una mezcla de death metal y folk escandinavo. Desde luego, era un interés poco maduro. Sin embargo, lo fui desarrollando con el tiempo a través de la curiosidad por sus mitos y su literatura. Leí a Halldór Laxness, Sjón, Thor Vihljamsson…, escritores con novelas muy interesantes. De forma casual, desarrollé una relación epistolar con Gudbergur Bergsson, que es probablemente uno de los mejores escritores que haya tenido el país, además de un señor encantador y brillante. Y por si fuese poco, acabé enamorándome de una medievalista especializada en historia de Islandia. Es una asociación extraña y llena de casualidades que han acabado cristalizando en un interés permanente por la cultura islandesa.

Pero no, todavía no he viajado a Islandia.

J: Pues explícame el proceso de documentación. Tanto para la ambientación como el cultural.

D: Internet facilita mucho las cosas, Google Earth o Google Street View son herramientas fantásticas para localizar escenarios y tener una instantánea clara de dónde estás ubicando la acción. Uno de los pueblos en los que sucede Hielo, Snaespegill, no es real, pero es un collage de distintos escenarios con los que me fui encontrando en mis constantes viajes cibernéticos por Islandia. Por otra parte, la literatura autóctona te da muchas pistas. Lees a Bergsson, Vilhjamsson o Laxness prestando atención a los detalles y gestos cotidianos de sus personajes, ésos que se integran de forma natural en el texto porque para los autores no son excepcionales, pero que si los obvias en tu novela, podrían desnaturalizar a un personaje a ojos de un eventual lector islandés. En mi caso, también conté con la ayuda de mi profesora de islandés, de mi pareja -que es especialista en historia medieval de Islandia- y del propio Gudbergur Bergsson, que leyó y me comentó el primer borrador de la novela.

J: No, en serio. Creo que cambiándole cuatro detalles esta historia podría pasar entre Hospitalet y una masía perdida a los pies de Los Pirineos. ¿Por qué Islandia? Que sí, que hace frío, pero como que no lo veo.

D: La narración sólo podía desarrollarse plenamente en Islandia. Durante el primer mes y medio de escritura probé otros escenarios, pero no me permitían explotar todo el potencial de la historia que quería explicar. Islandia me ofrecía un paisaje exterior en sintonía con el interior de los personajes que estaba construyendo y, por lo tanto, un refuerzo estético y ambiental en el efecto que quería que produjesen en el lector. Envolvía la trama de una atmósfera muy apropiada. Por otra parte, uno de los hilos narrativos está muy relacionado con el mito de Odín acudiendo al pozo de Mimir y decidiendo sacrificar un ojo a cambio del conocimiento total. Hielo habla sobre la capacidad mutiladora de la verdad y está bien que Odín se pasee, tuerto, viejo y deliciosamente enloquecido entre esos personajes que buscan conocer o huyen de lo sucedido. Si cambias esos detalles, Hielo sería otra novela muy distinta de la que yo quería escribir.

O como dije cuando presenté el libro en Barcelona, después de haber respondido varias veces a la pregunta y animado por Juan Vico: lo ambienté en Islandia porque me dio la gana.

J: Tienes que presentarme a Juan Vico. Pero si pretendes ser trascendente y tal, “porque me da la gana” no me vale. Abajo hablo de Borges, así que comento ahora aquella frase de El Aleph sobre que el trabajo de un poeta no es tanto la poesía, que le sale sola, como inventarse algo que la justifique intelectualmente ante los ojos de los demás.

Por otro lado, aunque más abajo también hablamos sobre el tema, se podría decir que en Hielo “no pasa nada”, y el mito de Odín, aunque evidentemente tú lo usas en el componente básico, es una peripecia de una gran violencia. En Hielo, incluso cuando sucede algo violento, o es en off o es de forma tan fría como el clima que lo envuelve. Es una novela que se desliza, parece más larga de lo que es. Sabía lo que estabas haciendo porque esta novela la empezaste con la excusa del reto de A tres tintas -por cierto, soy el único que fracasó-, pero más allá de los nombres parlantes de los personajes, no me habría sugerido eso. La mitología nórdica tiene un componente de violencia -física o conceptual- que vuelves sordo. Supongo que intencionadamente.

D: Muchas veces me interesa más lo que no escribo que lo que escribo. En Hielo lo narrado contornea una serie de silencios que contienen la violencia que tú señalas que no se explicita. Lo que callan, lo que no hacen los protagonistas de Hielo puede llegar a ser más agresivo o doloroso que Odín arrancándose un ojo para entregárselo a Mimir. Así, de forma discreta, suceden algunas de nuestras tragedias e intenté que el lector pudiese empatizar con Erik o Ander. Precisamente, sobre cómo termina el hilo narrativo del enfermero, con una escena de violencia explícita, he recibido la única crítica negativa hasta el momento. Y probablemente el periodista tiene razón, hubiese sido mejor elidir ese desenlace y que la violencia estuviese latente.

J: ¿No es un poco de snob no ver ‘ficcionable’ tu pueblo?

D: Es lo menos snob que se me ocurre. Es un ejercicio de humildad y consciencia de las limitaciones propias. El principal motivo por el que hasta el momento no he publicado nada ambientado en L’Hospitalet es porque mi capacidad técnica no me permite que los personajes y los escenarios que escribo me resulten una aproximación suficientemente verosímil a esa realidad que puedo observar tan de cerca. A las vecinas que habitan mis relatos nunca les huele tanto el aliento como a las que viven en la planta baja y en el segundo de mi edificio, ni el olor a curry del patio es tan especiado. Sin embargo, si me parecen más creíbles mis norteamericanos, porque a los neoyorquinos los conozco en la media distancia y no en la corta.

J: No sé si conoces aquella cita de Borges en la que explicaba que nunca hay que ponerle fecha ni lugares concretos a los relatos, porque siempre va a llegar alguien que te diga “pero en la aquella época en la esquina de la calle tal con cual nadie hablaba así”. O aquella frase de Bernard Shaw de que nadie es tan abyecto para contar toda la verdad sobre sí mismo, que escribió como prólogo a su propia autobiografía (o quizás no).

Pero no me apetece darte argumentos. En primer lugar, si lo que pretendes es cambiar el mundo, ¿qué mundo? En segundo, entiendo que con los personajes islandeses pretendes expresar un tipo de vivencia humana universal, pero lo universal se expresa a través de los particular, de lo concreto. (¿Es esto deformación de periodista?). Para empezar, el adolescente con su banda que aparece en la novela, me parece algo bastante concreto. Y la librería. No creo que sean islandesas, creo que las has disfrazado. Quizás es también deformación, por conocer al autor. Por otro lado, te dedicas a adornar mucho cada respuesta, pero al hablar del aliento de tu vecina y el curry, has dibujado un escenario. Puedes hacerlo para justificarte de una decisión que era “porque te daba la gana” pero no para convertirlo en escenario. Creo que deberías plantearte un relato en Hospitalet, si no lo has hecho ya, como ejercicio de estilo. La ficción le otorga poder a los lugares.

D: Estoy escribiendo por encargo un relato ambientado en Barcelona. No sé si quedaré muy satisfecho con el resultado, pero también respecto a Barcelona puedo tomar una distancia que no tengo respecto a L’Hospitalet, y eso me hace sentirme un poco más cómodo empleándola como escenario de ficción. De hecho, en el libro de relatos que he terminado hace unas semanas, también hay un par de ellos que tienen lugar en la ciudad. Poco a poco intento domesticar esas localizaciones y realidades que me son más cercanas, sin que signifique que quiera convertir Barcelona o Cataluña o España en escenario predeterminado de mis ficciones. Las historias se transforman y matizan según el escenario escogido. Como te decía, Hielo sería un texto muy distinto si lo hubiese ubicado en un lugar distinto a Islandia. Ni siquiera Finlandia o Noruega son intercambiables con Islandia. Seguiré ubicando mis narraciones en las geografías que mejor le siente a su contenido.

J: Bueno, y las sagas nórdicas, ¿qué tienen que no tenga nuestra muy apañada mitología mediterránea? ¿Que suena más exótico o qué?

D: No soy un experto en mitología nórdica, ni mediterránea. Entiendo que hay diferencias importantes que atañen al fondo más que a la forma. Existe una mayor determinación y marcialidad de los individuos que aparecen en los mitos nórdicos y también están más integrados en la naturaleza, tanto en su vida diaria como espiritualmente, pero no creo que sea capaz de hacer un análisis profundo de la cuestión y tal vez estoy equivocado en mi percepción. A fin de cuentas, conozco ambas tradiciones mucho menos de lo que me gustaría. A efectos prácticos, te diría que la diferencia fundamental en este caso es que yo conocía bien el mito de Odín y el pozo de Mimir y no uno grecolatino que encajase tan bien con lo que yo quería contar.

J: No estoy seguro de qué quieres decir con “marcialidad”. Soy un amateur en cuanto a estudiar mitología, pero si considero que los mitos griegos son un poco más pijos que los nórdicos. Por otro lado en el mito odínico tendrías que hacer un cóctel de Prometeo, Dionisos y Zeus, y aún así no sería exactamente lo mismo, aunque cumpla la función de cada uno según el momento. Estas cosas suelen ser la misma idea con diferente sombrero, funciones, supongo, de nuestro mapa humano o como lo queramos llamar. Debe ser cosa de la globalización que puedas expresarlo mediante una cultura que, en principio, no es la tuya. Supongo que ya sí que estoy filosofando por filosofar. Igual esta parte la quito al recortar.

J: Bueno, y eso de que te edite otra editorial diferente a la que paga el pan de tus hijos, ¿por qué?

D: Edité Los fantasmas de Dickens e Inercia gris en la editorial en la que trabajo porque era la puerta a la que me resultaba más fácil llamar y ser atendido. Publicar en Base me permitió tener mucho control sobre cada paso del proceso de edición. Y por eso mismo preferí publicar fuera de casa, con un editor que ejerciese como tal y me limitase al papel de autor. Colaborar con Jordi Gol está siendo muy enriquecedor. Por ejemplo, cuando leyó el original, me sugirió algunos cambios en Hielo que, a mi modo de ver, mejoraron la novela. Con Inercia gris no pude disfrutar de que alguien trabajase conmigo en el editing y lo más parecido fueron los consejos de un par de amigos que leyeron el manuscrito antes de publicarlo. Además, aunque en Base contaba con el apoyo del director de la editorial, supongo que también necesitaba una palmada en la espalda de alguien menos cercano que apostase su dinero y su tiempo por mi obra.

J:  ¿Cambia el trabajo de un editor como escritor o viceversa? Ya sabes, por saber cómo piensa el del otro lado y eso.

D: Te hace ser más empático con el que está en el otro lado en cada caso y te permite saber hasta dónde puedes tensar las situaciones, qué puedes exigirle a tu editor y dónde tienes que frenar a tus autores.

J: La mayoría de tus relatos también se ambientan en sitios que no has pisado en tu vida y en ellos no pasa nada de nada. ¿Por qué?

D: Eso no es cierto. La mayoría de mis relatos se ambientan en Nueva York, Washington… ciudades que he visitado y conozco razonablemente bien. En tus preguntas se trasluce buena parte de tus prejuicios de snob provinciano sobre la literatura en general y sobre mi obra en particular.

Sobre el hecho de que “no pase nada”, sólo puedo decir que es una opción escogida. Me parece que golpea con más intensidad cuando la vida se agrieta silenciosamente mientras la vida sucede por sus cauces habituales que cuando se explica con demasiado artificio y a través de metáforas excesivas. También es más real. Las cosas no suelen suceder de forma teatral, así que cuando escribo, intento huir de eso.

J: La batalla del snob la pierdes al decir qué ciudades conoces “razonablemente bien”. Me gusta que digas lo de la forma teatral, pero, ¿esto afecta a la forma? No hay más que leerte para ver que, incluso dentro de un registro alto, tiendes a ser rebuscado. Vamos, que tanto en Hielo como en tus relatos te “contienes”, o haces un trabajo de corrección que consiste en quitar construcciones largas o adjetivos. Y aún así, ahí anda la cosa. De todos modos, sí que creo que hay cosas que suceden teatralmente porque lo teatral forma parte de la vida, y en Hielo y en algunos de tus relatos hay escenas claramente ‘teatrales’.

D: Digo que intento huir de la teatralidad cuando escribo. Otra cosa es que lo consiga siempre y que la literatura permita huir siempre de la teatralidad. A fin de cuentas, se trata de ficción y la palabra no deja de ser aproximativa.

Que te parezca snob que yo conozca Nueva York razonablemente bien no sé si me retrata a mí como snob o a ti como… No sé como qué. Nos conocemos desde hace años y aún no acierto a saber si eres más provinciano que snob o al revés, pero, en cualquier caso, una mezcla de ambos.

J: Que no te digo que todos tengáis que ser Antonio Muñoz Molina y escribir desde la catetura autoconsciente.

D: Si yo hubiese dicho la frase anterior, ahora tú me dirías que soy un pedante.

J: El que pase de Inercia Gris a Hielo, o al revés, ¿qué va a notar?

D: Que en Islandia hace más frío que en Nueva York. Hielo me parece un libro mejor por su estructura, su profundidad y la forma en que está narrado. Cuando escribí Inercia gris necesitaba más asideros y aunque considero que la mayoría de cuentos tienen un nivel aceptable y parece que así lo juzgaron los lectores, son textos contenidos, que casi no toman riesgos. En la novela intenté desarrollar una voz más propia, que evidentemente se parece a la de Inercia gris, pero en la que la mezcla de influencias e individualidad se decanta hacia lo segundo, mientras que en el libro de relatos probablemente había demasiado de Carver, Cheever o Ford.

J: Espera. Si te tuvieses que parecer a alguien, ¿a quien querrías? ¿y a quién crees que te pareces realmente? (Creo que contestas a esto más abajo, cuando hablas de John Fante y su efervescencia). Y otra cosa. Uno sabe hacia qué evoluciona, tiene en la cabeza, aunque no con los detalles concretos, ese momento hacia el que trabaja para encontrarse. ¿Cuál es el tuyo? ¿A qué se parece la novela o el relato ideal, aunque sepamos que eso no existe? El tipo de cosa que no es exactamente que quieras escribir, sino que quieres estar preparado para escribir. No digo que tenga que parecerse a algo ya existente, sino las líneas generales en las que la imaginas, y los aspectos de tu trabajo como escritor en los que trabajas, más o menos conscientemente, para mejorar hacia eso.

D: No creo que exista un relato “ideal”. Hay muchos. La efervescencia y la frescura de John Fante en Pregúntale al polvo o el sentido del humor y la irreverencia de John Kennedy Toole en La conjura de los necios me parecen ingredientes deseables para un relato ideal. Pero también la gravedad de los diálogos en Los hermanos Karamazov, la naturalidad con la que suceden las escenas en los relatos de Carver, la elegancia estilística de Coetzee, la brillantez de Pynchon… Sin embargo, parece imposible combinarlos todos de manera coherente en un sólo texto.

Quizá porque me parezco poco a él, me gustaría tener un poco más de Fante. O de John Kennedy Toole. También me gustaría parecerme a J. K. Rowling en sus ingresos. Cuando empecé a escribir, quería parecerme a Raymond Carver -muy original, sí-, aunque creo que de forma bastante acertada Fernando Clemot comentó en la presentación de Hielo que aunque en las reseñas de Inercia gris o incluso de Hielo se haya insistido con Carver, el resultado de ese querer parecerme a él se acerca más (salvando la distancia) a la obra de Richard Ford que al propio Carver. De todos modos, si te soy sincero, cada vez tengo menos en la cabeza la voluntad de parecerme a nadie. Será inevitable, pero ya no será buscado. En Hielo lo es menos que en Inercia gris -donde había una voluntad de semejanza absoluta- y en el libro de relatos que acabo de terminar, todavía menos.

J: Bueno, espérate, no hemos hablado de que, aparte, ejerces como crítico para varias revistas, como Quimera o Blisstopic. Le pegas a todos los palos de la cadena. ¿Te influye? ¿Escribes un relato pensando en la futura crítica? ¿Moderas tu insidia pensando en el esfuerzo que le ha puesto el escritor de turno?

D: Me divierte probarme todos los disfraces de la función, aparecer vestido de Ofelia y declamar un diálogo que le corresponde a Hamlet imitando la gestualidad de Polonio. Además, me permite experimentar con los límites de los géneros, forzarlos y así conocerlos mejor. Y aunque normalmente el resultado es un texto fallido, en ocasiones eres capaz de escribir algo nuevo y que funciona.

J: Me gusta hablar contigo porque cuando lean esto mis amigos dejarán de decir que yo soy un pedante. Pero no me has contestado.

D: Me alegro de que esta entrevista te vaya a reportar bienestar. ¿Puedo hacerla constar en mi declaración de la renta y a ver si desgrava?

A lo que íbamos. Como te decía, no escribo ficción pensando en la crítica o en la editorial, ni siquiera en la variedad de lectores. Narro teniendo en cuenta que el texto concluye en un acto de lectura que implica a una persona que no soy yo y por lo tanto, tengo que tratar de hacerme entender, de pensar en cómo será recibido el texto. No contemplo muchos más condicionantes. En la crítica, tal vez sí me haya ido volviendo un poco más condescendiente cuando escribo una reseña de un libro que no me parece bueno. Valoro el esfuerzo de escribir y no me parece justo ensañarse, porque tampoco creo que aporte nada al lector y sí un disgusto al autor. Con todo, tampoco sería ético decir que un libro es bueno, si no lo es.

J: El mundillo literario tiene a estas alturas mucha menos capacidad de penetración en la vida pública que hace unas décadas, o nos lo parece. Igual internet ha cambiado eso. La verdad es que no tengo ni idea. ¿Os peleáis mucho? ¿Estoy diciendo sandeces?

D: Impera el buen rollo. Es natural, la mayor parte de quienes integramos los diferentes espacios del sector editorial compartimos la vocación y la pasión por las letras en la misma medida que padecemos las dificultades de las profesiones culturales. Es fácil hacer buenos amigos sobre esa base de pasiones y padecimientos comunes. Y si no surge la amistad, ahí está el temor comercial -esto también es un negocio- a cabrear a parte de los compañeros y que empiecen a volar los cuchillos, así que cuando la relación no es buena de forma natural, las hipotecas y el precio del petroleo imponen la cordialidad.

J: Ya he dicho que tú y yo nos conocimos escribiendo fanfictions. ¿Eso te aporta algo? Por cierto, si te vas a avergonzar de lo del fanfiction dímelo ya. Para hacer más énfasis en el tema cuando edite. Sí, todas las entrevistas pasan por la cocina para hacerlas más digeribles, esta también.

D: Escribir fanfiction fue un banco de pruebas, probablemente no tan efectivo como otros, pero fue una escuela por la que pasé, en cualquier caso. Como sea, ejercitar la escritura implica forzosamente un aprendizaje. Escribir historietas de superhéroes de tebeo me llevó a trabajar la descripción de las escenas de acción y los diálogos. El resultado fue horrible, como casi todo lo que uno escribe, más cuando tiene 14 o 15 años, pero al menos aprendí que las escenas de acción no eran lo mío.

J: Define “escena de acción”.

D: ¿Te suena la frase “¡Es la hora de las tortas!”? Esa es la clase de escena de acción que ensayé en MarvelTopia.

J: Los tebeos, ¿eso como se come? Porque ahora parece que esté de moda, pero tú viviste el estigma de ser un friki de mierda. ¿Ahora queda bien admitirlos como influencias? Dí cuáles te gustan.

D: El cómic sigue considerándose una producción artística de segunda en términos generales, pero eso hace que precisamente en determinados sectores se considere positivo leerlos y valorarlos. Pose o no, a mí me han gustado desde niño. Soy capaz de disfrutar de un tebeo de Batman o Hellblazer en la misma medida que de una novela de Thomas Pynchon porqué aprendí a exigirles que me aporten cosas distintas. Si quieres que cada artefacto cultural te aporte lo mismo que Crimen y castigo, sería mejor que dejases de consumir cultura porque muy pocas novelas, películas, canciones o cómics van a estar a su nivel. Con todo, hay cómics de Grant Morrison, Allan Moore o Mike Mignola que no tienen nada que envidiarle a las buenas novelas y soportan una alta exigencia.

J: Hombre, creo que eso de exigirle a todo que sea superprofundodelahostia es más una pose que otra cosa. Simplemente por una cuestión de resistencia mental: las neuronas también se cansan. Por eso te pregunto: ¿tienes algún placer culpable? Me da igual el formato -literatura, tebeo, televisión-, algo que consumas y disfrutes a sabiendas de que es malo. (Podríamos discutir la definición de “malo”, pero tú me entiendes).

D: Algunos cómics de Marvel son malos de narices y, sin embargo, los leo con fruición (sigo con la firme voluntad de que tus amigos dejen de pegarte collejas por pedante). Por ejemplo, Mapache Cohete me divierte. Un mapache antropomórfico, mujeriego, gamberro y que se maneja de maravilla con los pistolones. También soy muy fan de las Tortugas Ninja o los Cazafantasmas, cuya calidad tal vez sea discutible, pero me hacen pasar muy buenos ratos. Siguiendo con la televisión, si estoy haciendo zapping y aparece La que se avecina, se acabó el zapping, no puedo evitarlo. Aunque en ningún caso lo definiría como “placer culpable”, estoy encantado de consumirlos.

J: ¿Sería posible Hielo en tebeo? ¿En otros formatos? ¿Piensas en algún actor para hacer del protagonista? Dime que no, o te pierdo el respeto. Todo esto es para que me digas qué espacio crees que le queda a la Literatura para construir historias propias, si está asediada en el imaginario colectivo.

D: A mí que me cuentas. No lo sé. ¿A tí qué te parece?

J: Recomienda un par de autores vivos a la peña, que se me ponen mustios con que no saben qué leer. Procura que no se note mucho cuáles son tus colegas.

D: Los dos autores que más he disfrutado en los últimos meses son Eduardo Halfon y Thomas Pynchon. El segundo no necesita promoción y probablemente no voy a descubrírselo a nadie, pero quizá Halfon pasa más desapercibido y creo que El boxeador polaco y, especialmente, Monasterio son dos libros magníficos. En catalán -alguien debería traducirlo, os lo estáis perdiendo-, Llum de ganivet de Arnau Pons es un poemario inteligente e intenso, con una consciencia de la literatura y una honestidad poco frecuentes en el actual panorama en el que la mayor parte de la poesía es pose y basta con dejarse barba, ponerse gafas de pasta o escribir sobre la regla o las cursiladas bucólicas de siempre pero imprimiendo en la solapa una foto en la que enseñas un tatuaje.

J: Molas más cuando te pones destroyer.

D: Podría darte nombres de autores a los que les cortaría los dedos, a ver si al verse con muñones se les pasaban las ganas de escribir. Pero entonces alguno querría ponerse destroyer con mi cara.

J: Ahora dime influencias de autores muertos, que viste más.

D: Con Thomas Pynchon y John Maxwell Coetzee, que están vivos, Fiodr Dostoyevski completa la triada de autores que han logrado obsesionarme. No le leería 1.100 páginas a casi nadie, pero Los hermanos Karamazov bien merecen las horas de lectura que exige. También me considero muy deudor del realismo sucio norteamericano, especialmente de Richard Ford (vivo) y Raymond Carver (muerto), de la mirada con la que observan la cotidianidad y la naturalidad con la que intentan explicarla. También admiro a George Saunders (vivo) y me gustaría que hubiese algo de John Fante (muerto) en mi escritura, pero me temo que no poseo su efervescencia.

J: A todo esto, como eres catalán, si quieres dejarme alguna declaración polémica sobre el particular, lo dejo a tu criterio.

D: Le compro la idea a un buen amigo: Joan Laporta debería entrar a caballo en el Parlament y proclamarse emperador de Cataluña. Es la única solución cabal a la situación.

J: Si queréis aportar algo para las autonómicas andaluzas, soy todo oídos.

D: Me parecería positivo y casi diría que necesario que el Canijo de Jerez se presentase a las elecciones.

J: Bueno, para terminar, saluda a nuestras lectoras.

D: Un saludo a todas y gracias por leerme, pero, sobre todo, recordad que podéis aspirar a algo mejor que José Cano.

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4 Comments

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  1. “Me gusta hablar contigo porque cuando lean esto mis amigos dejarán de decir que yo soy un pedante”. Gran momento.

  2. Que sepáis que no me parece bien que ni me nombréis. Sois lo que sois gracias a mi, gentuzos! 😀

    (Leed MarvelTopia, hombre por dios :D)

  3. Dices eso de “sois lo que sois gracias a mi” como si lo que somos fuese bueno…

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